Estaba deseando salir. Esta noche me retrasé y no puede más. Perdona Nano, estaba tomándome algo y se me hizo tarde. Ale, vamos.
Menea el rabo, rápido, y respira con fatiga. Me mira, está contento, agradecido como siempre. Me vuelve a mirar. "Ponme la correa por favor que me meo en casa". Salimos. tiene tanta prisa que se tropieza con sus propias patas. "¡¡¡Y ahora a esperar al ascensor!!! ¡Dios, Jesús¡, ¿pero por que no llega?" Se mueve por el descansillo de un lado a otro, fatigado, me mira, menea el rabo, huele por debajo de la puerta del ascensor, tal vez así llegue antes, imagino que piensa.
¡Por fin, Jesús, por fin! ¡Vamos por Dios da al bajo!
Llegamos a la calle. Y es un continuo movimiento de subir y bajar la pata. Anda tres pasos, olisquea y mea, otros tres o cuatro pasos y de nuevo otra vez. ¡Perdona Nano, si que tenías ganas, eh! Tira de mi, tiene prisa por llegar al parque, mientras, por el camino hace paradas para oler, lo huele todo y tiene que dejar su marca, su rastro.
"Mmm mi parque favorito!!!, menos mal que me traes hoy a este, otros días me llevas al que está al lado de casa y ahí no me gusta nada, esta lleno de cacas y me molestan"
No le suelto, no me gusta hacerlo, y la verdad es más por desconfianza. Me da miedo que eche a correr y se pierda. "Espera Jesús, déjame oler esta hierba que huele tan bien. ¡Que pesado con tirar de mi, pues aqui me quedo, que me gusta!". Tiro de él y se agazapa, parece como si se pegase contra el suelo, no le puedo mover. Vale, Nano, quieres quedarte aquí un ratito.
Suelo estar solo cuando paseo a Nano, dicen que se liga mucho paseanado a los perros, pero ese no es mi caso. A lo mejor es que tampoco he puesto empeño en ello o también por que no puedo acercarme mucho a nadie que vaya con perro por que la primera intención de Nano es gruñir y enseñar dientes. No quiero tener problemas con nadie así que le permito un rápido reconocimiento olfativo de su visitante pero enseguida tiro de él, justo en el momento en que empieza a gruñir. Es normal estuvo muchos años viviendo en el jardin de la casa que teníamos en un pueblo. Y cada vez que pasaba un perro se ponía a ladrar. Era el galltito del barrio.
Estoy pensando... que sé yo en qué, y veo alguien que se acerca por el principio del paseo. Es una mujer, va sola. Tendrá unos cuarenta. Es bonita. Sí.... lo es... Nano la mira. Yo estoy más lejos, la correa me permite tener una cierta distancia para que él se pueda mover libremente.
¿Qué pasa guapo?, le dice. Tiene una voz maravillosa. Nano mueve la cara de un lado al otro y menea el rabo. Ella se acerca para acariciarle. Y yo también.
¡Que guapo eres! (¿Pero a quien se lo dice?) (Jesús me lo dice a mi) Me saluda. Le saludo.
¿Es muy joven, verdad?
¡Que va! Tiene casi quince años.
Nano es mayor, pero parece un perro jovencito. Me lo han dicho muchas veces. Ella le acaricia y Nano se tumba con las patas hacia arriba.
¡Pero Nano que golfo eres! Anda, mimoso, que solo quieres mimos. Hablo sin parar de mirarla. Y compruebo de cerca que su voz hace honor a su belleza.
Yo tuve un perro hace tiempo. Me dice y su cara se llena de emoción al recordarlo. Sus ojos brillan. Suena su móvil. Busca en el bolso. Sus manos son delgadas y sus dedos largos.
Me mira. Hasta otro rato. Me dice. Me mira de nuevo. La miro. La beso en silencio, sin que lo sepa, sin que lo note, sin que se entere. La beso con mi pensamiento y con mi corazón.
Se aleja. Habla por el movil. Y la sigo con mi mirada por el paseo. Se vuelve. De nuevo me mira. Sigue caminando. Ya casi no la veo. Es de noche y se pierde entre la penunbra y su sombra. Me queda su olor. Su voz. Su mirada.
Nano, se ha levantado y de nuevo investiga por entre los hierbajos. Vamos a casa Jesús, viejo amigo, ya se ha marchado. Ahora es él quien tira de nuevo de mi. Sabe el camino a casa. ¿Ha refrescado de repente? Tengo frío. Ambos caminamos deprisa.
De nuevo en el ascensor seguimos el rito de todos los días. Suelto su correa y le acaricio. Hablamos en nuestro lenguaje. El me agradece el paseo y yo su compañía.
En casa, Espuma nos recibe al abrir la puerta (o eso, o es que intenta salirse como hace muchos días) se huelen. Nano menea el rabo y saluda a mi madre que estáen el salón, sentada en su sillón dormitando con la tele.
Me pongo la ropa de andar por casa. Miro por la ventana. La gente anda deprisa. Hace frío y pienso: ¿Cómo se llamaría? Seguro que su nombre era precioso, como ella.
Nano viene a buscarme, me mira y se sienta a mi lado. Se llama Elisa
sábado, 24 de enero de 2009
Un encuentro fortuito
Un día, al salir del trabajo, te encuentras con una pareja a la que no ves desde hace tiempo. Él es un antiguo compañero de colegio, ella es su mujer desde hace casi veinte años. Fuiste a su boda. Y al bautizo de su primer hijo. Al de la niña no, ya no os veíais tan a menudo. Entráis en cualquier bar para tomar unas cañas y hablar de vuestras vidas. Sus novedades son las novedades de sus hijos. Tus novedades no existen. Se cambiaron de casa, el mayor va a empezar la Universidad, a la niña le gusta salir por las noches… Tú sigues viviendo en el mismo sitio (pueden recordar la dirección) y sigues trabajando en la misma biblioteca. Te preguntas (una vez más) qué has hecho en estos últimos años. Cuando os ponéis los abrigos para salir el cuello del abrigo de tu amigo se ha quedado doblado y ella, en un acto reflejo e inadvertido, se lo acomoda con delicadeza, mientras seguís hablando. Os hacéis el firme propósito de llamaros un día de estos para charlar con más calma, aunque, en el fondo, sabéis que la próxima vez que estéis juntos será de nuevo por casualidad.
Luego llegas a casa, querías ponerte a escribir, pero te pasas la tarde mirando por la ventana, viendo pasar los trenes. Al final del día te acuestas pensando que nadie va a colocarte el cuello de la camisa cuando, mañana, te vistas de cualquier manera para ir al trabajo. Y, a pesar de que hace tiempo que lo tienes asumido, esa noche no te duermes hasta el amanecer.
Luego llegas a casa, querías ponerte a escribir, pero te pasas la tarde mirando por la ventana, viendo pasar los trenes. Al final del día te acuestas pensando que nadie va a colocarte el cuello de la camisa cuando, mañana, te vistas de cualquier manera para ir al trabajo. Y, a pesar de que hace tiempo que lo tienes asumido, esa noche no te duermes hasta el amanecer.
viernes, 23 de enero de 2009
PRESENTACIÓN (2)
Hoy estoy bien, contenta, pero otros días, desde hace ya varios años, tengo una gran sensación de vacío y tristeza. Al principio era angustia, una enorme bola que se me ponía en el estómago y no me dejaba comer ni dormir. Había días en que la bola se convertía en boa, devorando todo lo que encontraba sin tener nunca la sensación de saciedad… y tampoco me dejaba dormir. Estaba agresiva y lo pagaba con los más cercanos, los de confianza, sobre todo con mi madre y mi marido. Después de mis “arrebatos”, sólo me quedaba la sensación de culpabilidad. Yo, que siempre he sido muy reflexiva, intentaba “analizarme” y entender lo que me pasaba. ¡Es la responsabilidad! pensaba. Claro, mi primer trabajo, casarme… había abandonado mi “primera juventud”, feliz, sin responsabilidades ni preocupaciones, con el colchón de mis padres siempre a punto para protegerme, para entrar en el mundo de los “adultos” y esta transición afectaba a mi hipersensibilidad. Madurar… qué doloroso es!
Pero pasaba el tiempo y aquello no cambiaba; es verdad que la angustia era menos intensa, pero a cambio la tristeza llegaba con fuerza. Tuve que dejar los libros y películas “profundos”, pues todo me dejaba tocada. Y de nuevo la sensación de culpabilidad… por perder el tiempo, por no cultivar el espíritu! Nadie notaba nada, salvo mi mejor amiga, con quien me desahogaba… y mi madre, a la que yo creía ilusamente que engañaba con mis mentiras… porque mentía, sí, mentía… Me acostumbré a mentir, a vender a todo el mundo mi vida de color de rosa mientras por dentro me sentía a morir. No resultaba difícil; en parte va en mi personalidad: siempre he sido “la peque de la casa”, “la alegría de la familia”, la que siempre está contenta, contagiando escandalosamente a los demás las ganas de reír y vivir… He asumido ese papel como parte de mi carácter. Y siempre seré “la alegría de la familia”, igual que siempre seré la pequeña…aunque tenga muchos muchos años.
Cualquiera que me conozca, incluso mis amigas más cercanas, se quedaría alucinado leyendo esto. ¿Laura triste? ¡venga ya! Pero si es la persona más alegre que conozco! Siempre se está riendo, no tiene preocupaciones, es la felicidad en persona! Siempre he pensado que esta dualidad de caracteres se debe a que soy Géminis, y en función del momento y las circunstancias, domina “el gemelo” positivo o el negativo; en todo caso, ambos son tremendamente pasionales, si estoy contenta rozo la euforia y si estoy triste, me vengo abajo. Vamos, que vivo en una auténtica montaña rusa emocional! Y es agotador…
Mi amiga Ana, que es psiquiatra y me conoce muy bien, dice que esto no es una contradicción: “Laura, lo que te pasa es que eres extremadamente sensible, disfrutas de la vida con entusiasmo, porque eres alegre y vital por naturaleza, pero insignificancias que a otras personas dejan indiferentes, a tí te tocan a fondo, sin que encuentres el término medio, o te dejan temblando de felicidad, o todo lo contrario, porque ante las emociones “negativas”, ese torrente de energía que te hace dar botes de alegría por cualquier pequeñez, se vuelve autodestructivo y te machaca. Pero esta parte tuya está oculta para los demás, porque la disfrazas con tu sonrisa y charla animada. Te has acostumbrado a tu papel de persona feliz. Cuántas veces, viéndote hablar sin parar, reirte exageradamente, diciendo lo feliz que eres, he sabido que por dentro estabas hecha polvo! De todos modos, no siempre has tenido estos vaivenes tan fuertes, pero no seré yo quien te diga lo que te ocurre, tendrás que pensarlo tú… y sufrirlo tú…”.
Pero pasaba el tiempo y aquello no cambiaba; es verdad que la angustia era menos intensa, pero a cambio la tristeza llegaba con fuerza. Tuve que dejar los libros y películas “profundos”, pues todo me dejaba tocada. Y de nuevo la sensación de culpabilidad… por perder el tiempo, por no cultivar el espíritu! Nadie notaba nada, salvo mi mejor amiga, con quien me desahogaba… y mi madre, a la que yo creía ilusamente que engañaba con mis mentiras… porque mentía, sí, mentía… Me acostumbré a mentir, a vender a todo el mundo mi vida de color de rosa mientras por dentro me sentía a morir. No resultaba difícil; en parte va en mi personalidad: siempre he sido “la peque de la casa”, “la alegría de la familia”, la que siempre está contenta, contagiando escandalosamente a los demás las ganas de reír y vivir… He asumido ese papel como parte de mi carácter. Y siempre seré “la alegría de la familia”, igual que siempre seré la pequeña…aunque tenga muchos muchos años.
Cualquiera que me conozca, incluso mis amigas más cercanas, se quedaría alucinado leyendo esto. ¿Laura triste? ¡venga ya! Pero si es la persona más alegre que conozco! Siempre se está riendo, no tiene preocupaciones, es la felicidad en persona! Siempre he pensado que esta dualidad de caracteres se debe a que soy Géminis, y en función del momento y las circunstancias, domina “el gemelo” positivo o el negativo; en todo caso, ambos son tremendamente pasionales, si estoy contenta rozo la euforia y si estoy triste, me vengo abajo. Vamos, que vivo en una auténtica montaña rusa emocional! Y es agotador…
Mi amiga Ana, que es psiquiatra y me conoce muy bien, dice que esto no es una contradicción: “Laura, lo que te pasa es que eres extremadamente sensible, disfrutas de la vida con entusiasmo, porque eres alegre y vital por naturaleza, pero insignificancias que a otras personas dejan indiferentes, a tí te tocan a fondo, sin que encuentres el término medio, o te dejan temblando de felicidad, o todo lo contrario, porque ante las emociones “negativas”, ese torrente de energía que te hace dar botes de alegría por cualquier pequeñez, se vuelve autodestructivo y te machaca. Pero esta parte tuya está oculta para los demás, porque la disfrazas con tu sonrisa y charla animada. Te has acostumbrado a tu papel de persona feliz. Cuántas veces, viéndote hablar sin parar, reirte exageradamente, diciendo lo feliz que eres, he sabido que por dentro estabas hecha polvo! De todos modos, no siempre has tenido estos vaivenes tan fuertes, pero no seré yo quien te diga lo que te ocurre, tendrás que pensarlo tú… y sufrirlo tú…”.
cerrado por curso, disculpen las molestias
Me ha tocado… las dos semanas que viene hay cursos técnicos en Madrid, y puesto que aquí está la cosa un poco floja, me mandan para allá… La verdad.. tampoco me importa tanto, lo que más pena me da es que me pierdo la gimnasia, je, je.. pero por lo demás.. pues tampoco me supone un trauma, he hablado con mi amiga y me da hospedaje.. así que en vez de pillarme un hotel que entonces sí que me agobiaría, me quedo con mi amiga y ¡como si estuviera de piso compartido!!!.. Además el curso es interesante.. me iré entre semana para allá y el finde me volveré a Pucela.. pero como llevaré toda la semana sin estar, pues seguro que no me agobio.. yo creo que lo aprovecharé para descansar.. y porque sólo va a ser uno, el siguiente finde, aprovechando que estoy en Madrid, me iré para Cuenca desde allí…
A veces pienso que debo de parecer algo más mosqueada cuando me dan este tipo de noticias mis jefes.. después me quejo de que lo asuman porque como estoy sola y no tengo nada.. pero es que me dicen que me tengo que ir a Madrid, cuando están mis amigas.. y no pongo resistencia… siempre y cuando me dejen volver y quedarme con mi amiga.. Claro la cosa cambiaría si me proponen irme a otro sitio.. entonces.. no me pongo tan contenta.. por eso me jode que asuman cosas sin proponerlas.. pero claro, como tampoco conocen mi vida…
Bueno, pues nada.. a ver como acaba la semana,.. y como empieza la siguiente.. lo malo es que si estoy en cursos y con mi amiga.. pues no voy a tener tiempo de escribir.. eso.. o lo mismo es que como dije ya otro día, esto me sirve para desahogarme, y como allí tengo PERSONAS con las que desahogarme, no me hace falta escribir.
A veces pienso que debo de parecer algo más mosqueada cuando me dan este tipo de noticias mis jefes.. después me quejo de que lo asuman porque como estoy sola y no tengo nada.. pero es que me dicen que me tengo que ir a Madrid, cuando están mis amigas.. y no pongo resistencia… siempre y cuando me dejen volver y quedarme con mi amiga.. Claro la cosa cambiaría si me proponen irme a otro sitio.. entonces.. no me pongo tan contenta.. por eso me jode que asuman cosas sin proponerlas.. pero claro, como tampoco conocen mi vida…
Bueno, pues nada.. a ver como acaba la semana,.. y como empieza la siguiente.. lo malo es que si estoy en cursos y con mi amiga.. pues no voy a tener tiempo de escribir.. eso.. o lo mismo es que como dije ya otro día, esto me sirve para desahogarme, y como allí tengo PERSONAS con las que desahogarme, no me hace falta escribir.
Dulce compañía...
Estoy leyendo un cuento en clase.
Ahora que son más mayores me gusta contarles cuentos ya mas largos, por capítulos. Pablete, uno de mis "secretarios" ha traído un cuento que le han dejado sus majestades de Oriente esta Navidad en su casa. Pablete me adora. Y yo a él. Diría que quiero a todos, por igual, son mis hijitos, aunque hay algunos que me tocan el corazón de una manera especial. Pablo es uno de ellos. Recuerdo cuando hace dos años, ya casi tres, llegó a clase y me adoptó con su lengua de trapo, con ese lenguaje que no había forma de entender y que poco a poco fui comprendiendo haciendo de su jerga mi nuevo idioma. Se me rompe el corazón cuando por alguna razón llora, cuando sus amigos no quieren jugar con él, o cuando algún niño se ha reído de él. Es mi secretario, sí. "Jesús ¿te ayudo?". "¿Puedo decir una cosa?", me pregunta cuando estoy explicando algo o contando alguna cosa. Siempre quiere hablar, contar cosas, incluso cuando no le entendía ni jota... Pero él ha aprendido a esperar su turno y a levantar la mano para hablar.
Ha traído un cuento de Geronimo Stilton, un ratón que se dedica a ser detective. Está bien. Es aún un poco dificil para que ellos lo entiendan pero a mi me gusta ir haciendo mi propia traducción del cuento para que sea más accesible para la comprensión de mis pequeños.
Bueno chicos mañana seguimos... "¡Nooo!", protesta Laura (otra de mis secretarias). Mañana leeremos el capítulo siguiente "Un cierto tufillo a queso..." Protestan pero es casi la hora de irse a casa.
De repente un ruido en la puerta nos interrumpe. Se abre. Y un griterío de niños entra. Son los niños de mi compañera Henar, es el otro grupo de 3º de Infantil . Entran solos, alborotados. No les entiendo, me cuentan que ha pasado algo. Pero no les entiendo. Me pieden algo, que salga, que vaya a la clase. ¡Se ha caido una lámpara! entiendo entre un jaleo tremendo. No veo a Henar. Salgo de clase y voy hacia la clase. Me empiezo a poner nervioso, sigo sin ver a mi compañera. Y me empiezo a imaginar que ha pasado algo, que le ha pasado algo a Henar. Por fin aparece ella. está bien. Nerviosa, pero está bien.
Hace dos años nos cambiaron la iluminación de la clases, nos pintaron los techos de azul cielo y aprovecharon para ponernos unos puntos de luz más potentes y claros. Unos equipos florescentes cubiertos. Funcionales, no muy decorativos, pero con capacidad para tener buena iluminación.
Sigo sin entender muy bien que ha pasado, pero insitintivamente le pregunto a Henar si se encuentra bien. Me responde que si. Vamos a la clase (en realidad es mi clase, pero solemos cambiar de espacios a lo largo de la mañana, es nuestra forma de trabajo que no voy a explicar ahora, sería muy largo y me iría del hilo...). Y veo la regleta de florescentes apoyada justo en la mesa donde habitualmente mis chicos se sientan para utilizar el ordenador . Se ha caido desde el techo y ha aterrizado contra las sillas del ordenador. ¿ha pasado algo? ¿Ha golpeado a algún niño?...
A Henar aún le tiemblan las piernas. Me explica que según caía ha golpeado de refilón a dos niñas, pero nada más que un susto. Las niñas están bien. Y ella apunto de echarse a llorar. Está impresionada.
Los niños me han seguido. Quieren saber que ha pasado. Les digo que no se preocupen que no ha pasado nada más que se han caido los florescentes. Sergio, otro de los "secretarios" me pregunta cómo ha podido pasar. No lo entienden, pero yo tampoco. Cierro la puerta de la clase. ¡Venga chicos hora de irse a casa! !Quitaros el babi y poneros el abrigo hora de marcharse a comer!
Ya en el coche, camino de casa, voy pensando en que unas horas antes siempre estan sentados por turnos, en ese lugar, un par de chicos de mi clase jugando con el ordenador...
Pero no quiero pensar en lo que podría haber pasado...
Es verdad, lo decimos muchas veces en el cole... Tenemos un Ángel protector. Un Ángel guardian que vela por los niños... Hoy me siento así, tocado por un Ángel. Hoy lo creo, estoy seguro, hay un Ángel que nos cuida. Gracias, mi Ángel, gracias... Mi dulce compañía... Sigue velando por mis chiquitines, por mi...
Ahora que son más mayores me gusta contarles cuentos ya mas largos, por capítulos. Pablete, uno de mis "secretarios" ha traído un cuento que le han dejado sus majestades de Oriente esta Navidad en su casa. Pablete me adora. Y yo a él. Diría que quiero a todos, por igual, son mis hijitos, aunque hay algunos que me tocan el corazón de una manera especial. Pablo es uno de ellos. Recuerdo cuando hace dos años, ya casi tres, llegó a clase y me adoptó con su lengua de trapo, con ese lenguaje que no había forma de entender y que poco a poco fui comprendiendo haciendo de su jerga mi nuevo idioma. Se me rompe el corazón cuando por alguna razón llora, cuando sus amigos no quieren jugar con él, o cuando algún niño se ha reído de él. Es mi secretario, sí. "Jesús ¿te ayudo?". "¿Puedo decir una cosa?", me pregunta cuando estoy explicando algo o contando alguna cosa. Siempre quiere hablar, contar cosas, incluso cuando no le entendía ni jota... Pero él ha aprendido a esperar su turno y a levantar la mano para hablar.
Ha traído un cuento de Geronimo Stilton, un ratón que se dedica a ser detective. Está bien. Es aún un poco dificil para que ellos lo entiendan pero a mi me gusta ir haciendo mi propia traducción del cuento para que sea más accesible para la comprensión de mis pequeños.
Bueno chicos mañana seguimos... "¡Nooo!", protesta Laura (otra de mis secretarias). Mañana leeremos el capítulo siguiente "Un cierto tufillo a queso..." Protestan pero es casi la hora de irse a casa.
De repente un ruido en la puerta nos interrumpe. Se abre. Y un griterío de niños entra. Son los niños de mi compañera Henar, es el otro grupo de 3º de Infantil . Entran solos, alborotados. No les entiendo, me cuentan que ha pasado algo. Pero no les entiendo. Me pieden algo, que salga, que vaya a la clase. ¡Se ha caido una lámpara! entiendo entre un jaleo tremendo. No veo a Henar. Salgo de clase y voy hacia la clase. Me empiezo a poner nervioso, sigo sin ver a mi compañera. Y me empiezo a imaginar que ha pasado algo, que le ha pasado algo a Henar. Por fin aparece ella. está bien. Nerviosa, pero está bien.
Hace dos años nos cambiaron la iluminación de la clases, nos pintaron los techos de azul cielo y aprovecharon para ponernos unos puntos de luz más potentes y claros. Unos equipos florescentes cubiertos. Funcionales, no muy decorativos, pero con capacidad para tener buena iluminación.
Sigo sin entender muy bien que ha pasado, pero insitintivamente le pregunto a Henar si se encuentra bien. Me responde que si. Vamos a la clase (en realidad es mi clase, pero solemos cambiar de espacios a lo largo de la mañana, es nuestra forma de trabajo que no voy a explicar ahora, sería muy largo y me iría del hilo...). Y veo la regleta de florescentes apoyada justo en la mesa donde habitualmente mis chicos se sientan para utilizar el ordenador . Se ha caido desde el techo y ha aterrizado contra las sillas del ordenador. ¿ha pasado algo? ¿Ha golpeado a algún niño?...
A Henar aún le tiemblan las piernas. Me explica que según caía ha golpeado de refilón a dos niñas, pero nada más que un susto. Las niñas están bien. Y ella apunto de echarse a llorar. Está impresionada.
Los niños me han seguido. Quieren saber que ha pasado. Les digo que no se preocupen que no ha pasado nada más que se han caido los florescentes. Sergio, otro de los "secretarios" me pregunta cómo ha podido pasar. No lo entienden, pero yo tampoco. Cierro la puerta de la clase. ¡Venga chicos hora de irse a casa! !Quitaros el babi y poneros el abrigo hora de marcharse a comer!
Ya en el coche, camino de casa, voy pensando en que unas horas antes siempre estan sentados por turnos, en ese lugar, un par de chicos de mi clase jugando con el ordenador...
Pero no quiero pensar en lo que podría haber pasado...
Es verdad, lo decimos muchas veces en el cole... Tenemos un Ángel protector. Un Ángel guardian que vela por los niños... Hoy me siento así, tocado por un Ángel. Hoy lo creo, estoy seguro, hay un Ángel que nos cuida. Gracias, mi Ángel, gracias... Mi dulce compañía... Sigue velando por mis chiquitines, por mi...
jueves, 22 de enero de 2009
PRESENTACIÓN (1)
Pues sí… lo he decidido… hoy empiezo
Llevaba tiempo pensando en volver a escribir, bueno, escribir, escribir… simplemente comprarme un cuaderno de espiral, de los de toda la vida, y apuntar de vez en cuando lo que me viniera a la cabeza, ideas, reflexiones, sensaciones… sin importar el orden o la lógica. No quiero un diario, hace tiempo solía escribirlo, pero me ataba, sentía la obligación de anotar cada día todo lo que había hecho. Pero ahora no quiero deberes.
Y aquí estoy, delante de una hoja en blanco sin saber cómo empezar. Pero quiero hacerlo. Serán los únicos momentos que tendré para mí. Y lo necesito, necesito poner un poco de claridad en mi rutinaria vida. Qué incongruencia, ¿no?
Mi “rutinaria” vida es aparentemente perfecta. Tengo treinta y… treinta y… treinta y… uf! Cómo me cuesta asumir que ya hace tres años pasé la barrera de los treinta! Tengo un buen trabajo, me gusta y está razonablemente bien pagado, ejerzo funciones de responsabilidad y estoy bien considerada. Por supuesto, hay días y/o temporadas complicadas, especialmente ahora con “La Crisis”, pero en general, estoy contenta. Llevo casi cinco años casada con Javier, un tipo estupendo que me quiere, y al que quiero. Siempre me ha gustado vivir aquí, en Valladolid, y tengo la suerte de ser propietaria de “un cuarto” (dichosas hipotecas…) de una casa preciosa, donde suelo celebrar cenas con diferentes amigos, porque esa es otra, amigos con los que divertirme no me faltan, ¡y hasta puedo presumir de tener tres o cuatro íntimas, todo un tesoro! Y MI FAMILIA, ah… la familia… ¿qué haría yo sin ellos? Soy la pequeña de tres hermanos, me llevo once años con Ana y nueve con Juan… vamos, que yo no estaba planeada, pero dice mi madre que después del susto, traje bajo el brazo una gran alegría que se ha prolongado durante todos estos años, al menos eso dice ella. Mis padres están estupendos aunque…, debería decir “aunque ya son mayores”, pero me niego, ¡NO, NO y NO!, mis padres siempre van a ser jóvenes, y van a estar estupendos, y van a estar siempre a mi lado........… El tiempo, ¡vaya cabrón entrometido!...................... Mi hermana tiene dos hijos, Lucía (¡mi ahijada!, un “bebé” de quince añazos que ya es más alta que yo) y Josechu, un terremoto de once años. Creo que no hace falta que diga que somos una piña, nos llevamos de miedo y nos apoyamos muchísimo; también discutimos muchísimo, pero no son más que tormentillas de verano que enseguida escampan, ¡es que somos muy temperamentales! para lo bueno y para lo malo…
En fin, como decía, mi vida es “perfecta”.
Y sin embargo…
Llevaba tiempo pensando en volver a escribir, bueno, escribir, escribir… simplemente comprarme un cuaderno de espiral, de los de toda la vida, y apuntar de vez en cuando lo que me viniera a la cabeza, ideas, reflexiones, sensaciones… sin importar el orden o la lógica. No quiero un diario, hace tiempo solía escribirlo, pero me ataba, sentía la obligación de anotar cada día todo lo que había hecho. Pero ahora no quiero deberes.
Y aquí estoy, delante de una hoja en blanco sin saber cómo empezar. Pero quiero hacerlo. Serán los únicos momentos que tendré para mí. Y lo necesito, necesito poner un poco de claridad en mi rutinaria vida. Qué incongruencia, ¿no?
Mi “rutinaria” vida es aparentemente perfecta. Tengo treinta y… treinta y… treinta y… uf! Cómo me cuesta asumir que ya hace tres años pasé la barrera de los treinta! Tengo un buen trabajo, me gusta y está razonablemente bien pagado, ejerzo funciones de responsabilidad y estoy bien considerada. Por supuesto, hay días y/o temporadas complicadas, especialmente ahora con “La Crisis”, pero en general, estoy contenta. Llevo casi cinco años casada con Javier, un tipo estupendo que me quiere, y al que quiero. Siempre me ha gustado vivir aquí, en Valladolid, y tengo la suerte de ser propietaria de “un cuarto” (dichosas hipotecas…) de una casa preciosa, donde suelo celebrar cenas con diferentes amigos, porque esa es otra, amigos con los que divertirme no me faltan, ¡y hasta puedo presumir de tener tres o cuatro íntimas, todo un tesoro! Y MI FAMILIA, ah… la familia… ¿qué haría yo sin ellos? Soy la pequeña de tres hermanos, me llevo once años con Ana y nueve con Juan… vamos, que yo no estaba planeada, pero dice mi madre que después del susto, traje bajo el brazo una gran alegría que se ha prolongado durante todos estos años, al menos eso dice ella. Mis padres están estupendos aunque…, debería decir “aunque ya son mayores”, pero me niego, ¡NO, NO y NO!, mis padres siempre van a ser jóvenes, y van a estar estupendos, y van a estar siempre a mi lado........… El tiempo, ¡vaya cabrón entrometido!...................... Mi hermana tiene dos hijos, Lucía (¡mi ahijada!, un “bebé” de quince añazos que ya es más alta que yo) y Josechu, un terremoto de once años. Creo que no hace falta que diga que somos una piña, nos llevamos de miedo y nos apoyamos muchísimo; también discutimos muchísimo, pero no son más que tormentillas de verano que enseguida escampan, ¡es que somos muy temperamentales! para lo bueno y para lo malo…
En fin, como decía, mi vida es “perfecta”.
Y sin embargo…
Galopando en los caballos del corazón
Dolcissima,
después de haberte escrito, el otro día, mi estado de ánimo ha cambiado. No tengo muchas ocasiones para abrirme y abrirme contigo... Lo sabes... Y sentía desde hacía días la necesidad y las ganas de hablar con alguien, de hablarte un poco. Me hizo -inevitablemente, naturalmente- bien. Además me traes buena suerte. La jornada se transformó. Era gris y fría y se endulzó con un pálido pero luminoso sol de invierno. Y las películas en color no dejan de ser más atractivas que las en blanco y negro... Aunque es cierto -me dirás tú, duende de mi conciencia y de mi sabiduría, hada de sueños y dulzuras- que siempre debemos buscar la poesía y podremos detectarla, siempre y por doquier...
Cuando te dejé, tres mails me esperaban en mi buzón. Un amigo me invitaba a ir con él a la piscina a nadar este sábado... La natación -aunque no sé nadar muy bien y no me gusta nada- ya me la han aconsejado como deporte alternativo durante mi lesión. Intentaré, pues seguro que será un modo para mantener el tonillo físico y sentirme mejor... Otro mensaje, de un amigo médico, que, con el informe de la resonancia en la mano, me ha dado un montón de consejos y me confirma que la rehabilitación y la fisioterapia son los caminos a seguir antes de una eventual artroscopia, mucho más agresiva... Todo podría solucionarse... Me hizo un gran bien con sus consejos, me puso de buen humor. Sólo debo convencerme y armarme de paciencia, mucha paciencia, y pensar y soñar únicamente en mi vuelta a los entrenamientos y a la competición, para prepararla con madurez, sea cuando sea, y trabajar para ello, para ese momento, sin comprometerlo ulteriormente o aplazarlo aún más en el tiempo, con comportamientos poco oportunos.
Y -fíjate bien, cariño- otro mensaje, de otra gente, que está montando no sé qué de teatro... No sé si es un cursillo, si es un grupo, pero quieren hacer no sé qué con las obras de Checov -que por lo visto es muy socorrido en cursos formativos para actores- y como yo he representado varias obras en pasado de Checov... Petición de mano, El oso... Si me necesitan, si puedo ayudarles, me lanzaré... Sería la posibilidad de volver -por fin- al teatro, de hacer teatro de verdad, de conocer a gente nueva... Además, creo que se ven los fines de semana: mis horarios lectivos me permitirían colaborar activamente... Creo... Sólo espero que mis compromisos familiares me dejen hacerlo como yo quiero...
Una máscara, pronto... Quiero una máscara, un antifaz o algo así... Dadme una máscara, ya...
Ya no me importará que los ojos indiscretos de los demás sigan espiando mis deformidades... Esta otra frente -ahora- se sonrojará por mí... A volar, a soñar, a convertirme en alguien distinto y darle mi cuerpo, mi voz, mi mirada, mi palabra... Carruseles de palabras encantadas, que me embrujen para volar, con las alas de la fantasía, de estrella en estrella, hasta columpiarme en ese librillo de luna pálida, de nata montada... Llevaría por el mundo a esos personajes de papel, les daría mi vida, para que anden, desde las páginas de un guión, a las tablas de un teatro, hasta las calles y los caminos del mundo... Para que corran -sin correr con las piernas, pero galopando con los caballos blancos del corazón- por esas playas de encanto y de sueño...
Me entiendes, ¿verdad? Quería compartirlo contigo, duendecillo de la suerte. Estoy lleno de emoción, de sensación... Soy así...
Y en este momento, en momentos como éste, quiero a todo el mundo, le quiero al mundo entero...
Te quiero...
Ciao, bellissima... Cuídate. Un beso bello, bello, bello...
Mauro
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